LA NUEVA ESPAÑA. 23.06.06.
Montejurra, 30 años después
Me preguntaba, en el transcurso de la presentación del libro «Montejurra, 1976-2006», celebrada en la sala de conferencias del Antiguo Instituto Jovellanos, hasta qué punto los asistentes a la misma estaban interesados en conocer,transcurridos 30 años, los pormenores de aquella concentración que acabó en tragedia o, por el contrario, habían acudido atraídos por un señuelo de importancia llamado Francisco Prendes Quirós, presentador del acto. La concurrencia no era muy numerosa, pero sí solvente, con personalidades como Mariano Abad, presidente del Tribunal Contencioso-Administrativo de Asturias; el ex secretario de CSI José Manuel Morala, o el humanista submarino Peltó.
Escuchar a Paco Prendes es un placer; las tribunas de rango nacional se han perdido un orador de postín. Tiene una voz redonda, es ingenioso, provocador y dispone de un vasto conocimiento en asuntos varios. Su intervención fue lo más interesante y clarificador de la velada. A la derecha del autor se sentaba el delegado de la Asociación Cultural Gijonesa, Rufino Galván, «Luarca», que definió el texto presentado como una cara más de la sacrosanta transición, ya que ésta había sido poliédrica.
Paco Prendes hizo un repaso por las efemérides que se celebran este año. Recordó que se cumplía el centenario de la bomba que arrojó un anarquista en la calle Mayor de Madrid, al paso de la carroza nupcial de Alfonso XIII. «También hace 50 años que yo terminé el Bachiller», añadió, «y 30 de Montejurra». Del libro dijo que era pequeño, pero saturado de sorpresas, ya que los sucesos de Montejurra nunca fueron explicados debidamente y no deben caer en la niebla del olvido. «Pone los pelos de punta conocer con qué tranquilidad, donaire y optimismo las fuerzas del orden, el rey y el presidente Carlos Arias Navarro, consintieron el atropello. El más bobu, cazador», dijo refiriéndose al ascenso a presidente de Arias tras la voladura del coche de Carrero Blanco. Había dos ministerios involucrados; el del Movimiento, encabezado por Adolfo Suárez, y el de Interior, con Fraga Iribarne, el gran consentidor de la operación, que oportunamente viajó al extranjero para no dar explicaciones. Montejurra acabó con el carlismo, un verdadero peligro, ya que su representante, Carlos Hugo de Borbón-Parma, estaba refrendado por un partido político y un gran movimiento social, era una persona formada, gran intelectual, es decir, todo un rey alternativo, luego se necesitaba erradicar la amenaza. «Se crea la gran operación de Montejurra, saldada con dos muertos y una docena de heridos». El libro está escrito por cinco autores, Evaristo Olcina, actual secretario del Partido Carlista; Juan Francisco Martín de Aguilera, abogado; José Ángel Pérez Nievas, presente aquel día en Montejurra; José María Zabala, y, por último, Joaquín Cubero, partícipe de la presentación en la tribuna jovellanista.
Joaquín Cubero tenía muchas cosas que decir, sin duda muy interesantes, pero apenas se le entendía. A su acento andaluz -es natural de Jaén- se sumaba un timbre de voz sordo; qué pena de mando a distancia para subir los agudos. Confieso que sufrí, no sólo porque me perdía una información avalada por documentos, sino porque de sus palabras pendía mi trabajo. Pude extraer un largo informe sobre la violencia de Estado ejercida en este país desde el reinado de Felipe IV, y una implicación directa de aquélla en los sucesos de Montejurra, «hasta el armamento procedía de la Guardia Civil».
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